
Prefirió
la prensa a su público, y no matizo la doctrina secular, se expreso con las
siguientes alocuciones:
Respecto a la reforma del banco Vaticano y sus
escándalos, sobre supuesto blanqueo de dinero dijo “me fio de los que están
trabajando...”
Respecto
a los gays no los juzga, “si buscan al Señor y tienen buena voluntad”, pero les
prohíbe casarse, y si son curas celebrar el sacramento del matrimonio.
Sobre
la interrupción voluntaria del embarazo, mantiene la condena sin paliativo,
remitiéndose a la posición “intocable de
la Iglesia”.
Sobre
las mujeres, habla de la esterilidad de
la institución sin ellas, pero dice tajantemente que “está cerrada la puerta al
sacerdocio femenino”.
Sobre
los jóvenes les incitó a “no dejar que otros protagonicen el cambio”.
Desconozco a que otros se refería, espero que no sea a los indignados de España,
ni de ninguna primavera del planeta.
Repasando
el catecismo, tengo dificultades en detectar modificación de la vigente
ortodoxia, y sí el inquietante comportamiento de su santidad, al ver como en Latinoamérica, sin ir más lejos, se ha producido un vaciado en las diócesis de feligreses, en pro
de las iglesias evangélicas, de cómo la desafección por la oficialidad de la
religión que representa, fruto de predicar y dar trigo caducado, se ha convertido
en residual, por no decir en sospechosa de no enterarse la mano derecha de lo
que hace la izquierda.
Razón
por la cual, el Pontífice recurre a los
lugares comunes de éxito, al apabullante negocio pasional del fútbol como
pedagogía de su discurso, al imparable laicismo por demérito del adversario, a
los pobres de solemnidad, al barrido de los cuervos ajenos, al dialogo no
vinculante, al llanto por las pateras.
Epatados
por el desprendimiento del boato, y por el nuevo “look”, los mortales somos
sobre todo, discípulos de santo Tomas, y
nuestro termómetro es el dedo en la llaga, y por ahora sólo apreciamos el
artístico y nada despreciable encalado de la fachada.
Kechu Aramburu
Publicado en el Correo de Andalucia, el 2 de agosto de 2013