Blog personal de Kechu Aramburu.
Investigación en Ciencias Sociales: Feminismo,Política,Sociología,Psicopedagogía,Ecología,Exclusión Social, Paz y No violencia, etc.
No podemos vivir sin referentes, sin referencias, sin proyectos,
sin horizontes… es tan letal como dejar de respirar o de ser amado.
Y no solo me envuelvo en las palabras de Serrat cuando decía que «Sin
utopía la vida sería un ensayo para la muerte», porque es tan frágil el
tabique que separa el futuro del pasado, sin apenas pasar por el
presente, es tan sutil la mano que mece la cuna de nuestras vidas sin
apenas sentir el vértigo del balanceo, que uno de los antídotos para no
desandar los caminos, y desautorizar a quienes nos emborronan, sería
abastecernos de referentes.
El descrédito, y el desplome de las utopías,
abonan el terreno para criminalizar a quienes se atreven a plantear la
construcción de un mundo sin tan severas desigualdades. Es tan sonora la
desorientación y la pérdida de rumbo de la mayoría de los que tienen
que expresar modelos, programas o alternativas, cuyo sentido histórico
es constituirse en la expresión de los intereses populares, y de los
sectores sociales menos privilegiados, además de la obligación de ser
creíbles por coherentes hacia dentro y hacia fuera. Pero ante tanta
negligencia, la gente se ha sentido obligada a tomar la palabra, a tomar
decisiones, a votar sin miedo a los iguales.
No hace demasiado tiempo los clásicos eran nombrables, ahora se tiene
cuidado de que no sean material para los libros de textos, pero sobre
todo que no sean recurrentes en el imaginario de los pueblos. No solo
por la luz de los faros que han alumbrado: Marx, Engels, Trotsky, Simone
de Beauvoir, Rosa de Luxemburgo, Olympe de Gouges, Hypatia de
Alejandría, Clara Zetkin, Mandela, Gandhi, Foucault, Neruda, Bertol
Brecht, Chaplin, Kubrick, Ferguson, y siguientes…
Al capitalismo del siglo XXI le sobra la democracia, pero el cambio
se ha iniciado, y se está aprendiendo a gestionar desde abajo. Hay gente
desesperada pero cargada de razones, hay rebelión pero también pulso,
solo faltan referentes, proyectos reseteados y reciclados, fuerzas
novedosas dispuestas para hacer la ruptura con el viejo régimen. Hay que
demostrar la disponibilidad de empoderar al pueblo, de rescatar a las
personas de los recortes, de la mordaza y de la corrupción. Se necesitan
pistas para recuperar la confianza y la pasión por converger para
garantizar el éxito.
Kechu Aramburu del Rio. Publicado en el Correo de Andalucia el 18 de julio del 2014
Un menor es, legalmente, una persona que por razón de su edad
biológica no tiene todavía plena capacidad de obrar. Y al hilo de los
infantes, andando junto a los molinos de viento, justamente en la
Mancha, escracheaba el cervantino don Quijote en su batalla contra las
depravadas clases dominantes, que la pobreza de espíritu, así como el
saber prescindir de las cosas, y sobre todo la carencia voluntaria de
las mismas, era asunto para pedestal de heroicidades.
La otra la pobreza real, la sociológica, la económica, la
sobrevenida, la que se hereda o es multicausal, esa que te suele
descalificar, e incluso situarte en el ámbito del delito, esa con la que
se trafica, esa que se oculta, esa que molesta, que tiene el color de
la mendicidad y que ahuyenta al que habita en el confort. Esa está
indefensa y además no tiene ningún coronel que le escriba, porque en
este bochornoso espectáculo los espectadores no tienen memoria, por eso
tampoco tienen remordimientos, ni siquiera una leve conciencia.
Y para cinismo barbárico, en esta decrépita civilización, el
desposeído tiene rostro de niña, de menor, de débil, del que no tiene
capacidad de respuesta. Se nos acaba de alertar desde un organismo
gubernamental, que en el curso pasado, el 23,9 por ciento de menores de
16 años, vivía en hogares con ingresos por debajo del umbral de la
pobreza, lo que «significa que de no haber contado con la bendita
caridad, la solidaridad y la ayuda pública se hubiera alcanzado el 39,1
por ciento de la población infantil». Añadido a esto, el Observatorio de
la Infancia, recalca que «el 44,8 por ciento de menores vive en hogares
con carencias en algunos de los conceptos básicos».
Por eso quienes contemplan desde el cinismo, todo aquello que no da
réditos, que no tiene voz ni voto, que no tiene mayoría de edad, y lo
hacen desde la conversión en observación mediática, literaria, cinéfila,
de historia o de agenda política, adquieren la categoría de reos, y
deberíamos esforzarnos en recordarles que además de los sabrosos brotes
verdes que no han dejado de disfrutar algunos, existe el drama, el dolor
y la frustración de quienes primero tienen que comer para crecer y
luego defenderse, para impedir que esto se convierta en la Guinea
Ecuatorial del sur de Europa.
Kechu Aramburu Publicado en el Correo de Andalucia, el 11 de Julio del 2014
¿Sabes que, el tiempo dedicado a las labores en el hogar, es de
46.735 millones de horas al año, donde la alimentación y la atención de
la casa absorben más del 60%, siendo las amas de casa las que aportan el
73% del trabajo de las actividades no mercantiles, y por tanto no
remunerada de los hogares?
El valor del trabajo en el hogar (atención de la casa, los hijos o los
mayores) y que no se computa en el producto interior bruto supone más
del 27% del PIB nacional, unos 285.600 millones de euros. Sumando al
valor de la producción en España habría superado 1,32 billones de euros,
el año de la pre crisis. Hoy, con la aplicación de las correcciones
monetarias precisas para obtener la cuantificación más atinada, serían
más ceros.
Con estos datos, podemos señalar, y además desmontar, la teoría de “las
amas de casa parasitas”. El problema de estos personajes no es la
ignorancia por obviar que quien no cotiza no cobra el desempleo, y que
solo el 57, 71 % de los inscritos percibe alguna prestación, y no
superior a los 426 euros, siendo 5,9 millones de personas las que están
sin empleo.
El problema no es que su púlpito sea el oráculo del “Tea Party español”,
ni siquiera el problema sería que culpabilice a las amas de casa de
las cifras del paro, o ese frívolo y travestido look del amos/as de
casa.
El verdadero problema es, en manos de quienes estamos, quienes llevan el
timón de este país, porque “quien ha escupido” ha sido la presidencia
de una entidad cuyo fin, es la defensa de los intereses empresariales
ante los poderes públicos y que representa dos millones de empresas…
Se está destruyendo y precarizando el empleo, ahogando los indicadores
sociales imputables a las políticas de quienes estádilapidando las
cuentas y secuestrando el empobrecimiento de una España maltratada, que
se quiere blanquear con la prostitución , esa que ejercen algunas amas
de casa en la más absoluta y sórdida clandestinidad para dar de comer a
sus hijos, y que ahora van a utilizar como motor del crecimiento, esas
cien mil mujeres que mueven al año más de diez mil millones de euros, y
cuya actividad es considerada ilegal, pero altamenteproductiva para sus
arcas.
Por eso tarareo la letra de D. Civera “que lo detengan, que es
un mentiroso, malvado y peligroso…”
Kechu Aramburu del Río Publicado en el Corrreo de Andalucia el 3 de Julio del 2014
No fue el Cervantes, ni el Nacional de las Letras, ni el Planeta,
ni el Nadal ni el asiento K de la Real Academia Española lo que atesoró
Matute fue esa imperceptible línea con la que artesanaba el negro
realismo de una época, de su época, cuyo parangón con la actual es
demoledor.
No insistan, sencillamente se ha ido, pero antes nos enseñó a usar
los espejos cóncavos y convexos paramirar una sociedad marcada por el
síndrome «y de lo mío qué…» Fue una niña de la guerra, tatuada por el
odio, la muerte, la miseria, la angustia y la extrema pobreza, pero la
magia con la que suprimió las fronteras entre el realismo y la ficción,
la petrifican en una mirada de faros largos, para sobrevivir a las
inclemencias de las emociones, en ese tiempo que es tan de antes, como
el de ahora.
Ana María, como las buenas supervivientes no acariciaba los
mástiles, sino la huida, por eso fabulaba magistralmente con la
fantasía, era de la generación de la postguerra, pertenecía a la «Nada»,
como nuestros adolescentes, esos que no palpan más que la incertidumbre
de la inexistencia del mañana. De esa generación hostil cuyo marcador
fue y es, ser testigos de un mundo hipócrita y violento.
Era tan estrafalaria, que encallaba en la diversidad de la especie,
por eso su cruel y apresurada despedida nos devuelve a la uniformidad
del relato, del verbo único, de la palabra empalagosa y dulzona, del
optimismo de la opulencia.
El bastardo desamparo al que nos somete su definitiva fuga, nos
sumerge en el laberinto de los contenedores del pensamiento, para buscar
los antídotos del rosa, y el celeste, en estos tiempos de realeza,
donde la pasión por la ética está tan denostada y devaluada, que ya solo
cotiza en el mercado de nuestras irrelevantes utopías.
Matute era una nómada que vivía entre la desdicha mayor y la menor,
pero era tan brutal su capacidad de resistencia, que se permitió la
osadía de vivir de frente, por eso lo ejemplarizante de su vida no son
los galardones, hoy tan manoseados, sino el homenaje a la no
resignación, que disfrazaba con globos simulados, con serpentinas
incoloras y juguetes rotos.
Sin redobles de campanas, suscribo las palabras de Caballero Bonald,
al conocer la noticia «Su muerte es un descalabro en mi intimidad».
Kechu Aramburu del Río Publicado en el Correo de Andalucia el 27 de Junio del 2014