La interpretación oficial, y las versiones interesadas con la
autoría de quien las emite, tienen el valor justificativo de quienes no
reconocen los fracasos, o quienes no asumen que hay más sujetos en la
sociedad. Pero en este momento histórico, las mujeres y aliados ganan
batallas doblegando a un Gobierno, derrotando una política, creando una
crisis ideológica en las filas del poder.
La contienda sobre la retirada de la reforma de la Ley del Aborto
tiene en la diana a un presidente con medio Gobierno en contra, medio
partido soliviantado, sectores eclesiales indignados, y gran parte de
sus votantes rebelados.

Rectificar significa: arrepentirse, borrar. Y su antónimo es:
insistir, ratificar. Según la Real Academia de la Lengua, el presidente
del Gobierno, en la medida que no retira el recurso de
inconstitucionalidad de dicha ley, no solo no rectifica, sino que
insiste por otra vía menos costosa, ya que la factura partidaria se
aminora, provoca la salida de Gallardón, asignatura pendiente, no por su
beligerancia, o posicionamientos ultras, sino por el pacto inconfesable
con los temas que consideran de mayor calado, y que ponen en riesgo la
honorabilidad de cercanos y propios.
Hay que administrar con rigor tanto la hipocresía del ajeno, como la
ingenuidad propia, si la ley Wert desata parecido disenso en la
sociedad, ¿por qué no la retira? Por dos razones, porque con este
desatinado ministro no mediaba el entresijo sobre el sello de silencio y
amnistía que mediaba con el exflamante, y porque una vez más ha
pretendido usar a las mujeres como moneda de cambio, para los temas
considerados de Estado, como son los derivados de la corrupción, amén
del dato tras la europeas, sobre la bajada del PP a un inédito 26% en
toda España.
Ahora toca hacer vigilia activa, para exigir la retirada inmediata
del recurso, ya que la sentencia más que probable de este TC acabaría
con la posibilidad de recuperar lo robado a la ley vigente, además de
evitar que modifique lo que él llama flequillos de su consenso.
Kechu Aramburu
Publicado en el Correo de Andalucia el 27 de
Septiembre del 2014
Por eso utilizar a Cataluña, bajo la prioridad del que llaman proceso
secesionista de ese territorio, para justificar la opacidad de la
retirada del Proyecto de Reforma del Aborto, es tan indecoroso, como
rotundamente falso, y su sonoridad es tosca, mercantilista y electoral.
Esa es la inmoral consideración que tienen de las mujeres, que los temas
del cuerpo de las damas dan y quitan votos, por eso, su inquisitorial
vuelta de tuerca a la libertad de decidir nosotras, ahora se le ha dicho
que no toca, que no están para perder más papeletas en las urnas.
La aplicación de la actual ley es constitucional, tiene un solvente
amparo jurídico, ha permitido disminuir la tasa de abortos en nuestro
país, es un instrumento semejante al utilizado en el resto de los países
europeos, no distingue entre pobres y ricas, el 53% de la población la
apoya, es preventiva y disminuye los riesgos sanitarios, es informativa,
formativa, conciliadora de derechos, y residencia en las mujeres la
responsabilidad de gestionar sus vidas. Lo contrario, los efectos de sus
contra-reformas, tienen tres consecuencias : obligar por ley a las
mujeres a ser madres, castigarlas por las vías contempladas si desafían
su articulado al decidir interrumpir su embarazo, y por último iniciar
la senda del retroceso, categorizando exclusivamente a la mujer como madre y esposa.
La derrota sostenida e infligida a la política Gallardón, genuino
representante de la caverna española, no tiene siglas detrás, tiene
sociedad, las que paren y las que no, las madres y las hijas, las
mujeres y mucha diversidad, que no están mirando la indicación del dedo,
sino directamente la luna.
Kechu Aramburu.
Publicado enel Correo de Andalucia el 19 de Septiembre 2014
La antropología filosófica, basada en la perspectiva del ser
humano como deficitario y expuesto a una serie de absolutismos, mantiene
que ante la amenaza de una realidad, que continuamente frustra las
demandas del deseo, el ser humano se ve obligado a autoafirmarse,
empleando los recursos sin principios, donde el fuego puede convertirse
en fuente de luz pero también de incendios.
Señala Pico della Mirandola en su Discurso sobre la Dignidad del
Hombre, cimentado en el derecho inalienable a la discrepancia, el
respeto por las diversidades y el derecho al crecimiento y bienestar del
pueblo, que atentos porque las personas pueden hacer de sí mismas un
dios o una bestia.
La política se puede convertir en un catalizador ambivalente,
potenciando tanto la capacidad para el desastre, como el potencial
emancipador del ser humano. Y puesto que el adversario está fuera, hay
que abrir un diálogo acerca de la tránsito del paradigma de un pasado
glorioso, con sus luces y sus sombras, a un paradigma de reinventarnos
diariamente, sin estereotipos, aprendiendo a desaprender para cambiar
juntos ¿En qué medida somos capaces de situarnos en el kilometro cero?

Lo demás es retórica, mala literatura, juego de tronos, ganarle tiempo
al tiempo, y mientras francotiradores navegando, overbooking de hackers
y troles (amigos arpíos) lanzando códigos maliciosos, actuando como
cables tendidos, tambaleando el andamiaje de la débil arquitectura de
este nuevo puzle de piezas artesanales, donde es la gente quien
construye, si es que los dejan, y participan sin más ADN que recuperar
el pan, el trabajo y la libertad.
Paroleaba Georges Brassens en La mala reputación: “Que a la gente no
gusta que, uno tenga su propia fe, tras de mí todos a ladrar, salvo los
mudos, es de pensar”.
Y concluía Mario Benedetti “Me gusta la gente
capaz de criticarme constructivamente y de frente, pero sin herirme. La
gente que no juzga ni deja que otros juzguen. Imposible ganar sin saber
perder. Imposible acertar sin saber errar. La gloria no consiste en no
caer nunca, sino en levantarse todas las veces que sea necesario. Y eso
es algo que muy poca gente tiene el privilegio de poder experimentar.
Con gente como esa, me comprometo para lo que sea por el resto de mi
vida”.
Kechu Aramburu
Publicado en el Correo de Andalucia,
el 12 de Septiembre del 2014.
Sevilla una de las ciudades más intensas de Europa, donde el tórrido
sol unas veces amarillenta la ropa y, al día siguiente si fuera
menester, saca toda la blancura que el tejido y el uso permite. Es tan
contradictoria que, para no vivir siempre arrodillada, se reinventa en
cada estación ramilletes de eventos para sentir que recupera la afición,
la devoción, el ocio, y el tiempo.
Sevilla está bajo sospecha, de ser
profundamente hermética y desconfiada. Se le acusa de abrir solo las
puertas de la Maestranza, la portada de la Feria, y la Madrugá, lo demás
se lo trabaja la vecindad, y el resto lo pagamos, y lo visita el
turista. Y así hasta la sustancia blanca de nuestros propios huesos.
Se ha necesitado novelar la leyenda de la Sevilla abierta para
encubrir, no la magia consustancial a una poderosa historia sino, la
miseria de quienes nos han condenado a contemplar cómo sólo con cruzar
tres calles, pasas de la miseria de la Tres Mil, a la abundancia de esa
Avenida sobre dotada de palmeras, por donde se entra a la ciudad. Esa
es la foto de la Sevilla que duele y que hay que cambiar.
No basta el
discurso, ni las promesas, ni siquiera un programa, y tampoco cambiar
exclusivamente rostros, ni subir o bajar a secas la edad de los
gobernantes. Después de tanto engaño, Sevilla necesita ser gobernada por
la ciudanía, por quienes son y además lo parecen.
Kechu Aramburu
Publicado en el Correo de Andalucía el 5 de Septiembre 2014

Sevilla es hoy una ciudad estancada, refugiada en el exceso de
personalización, de tópicos, de negocios opacos, además asumiendo la
cultura urbana de los entes despersonalizantes, surgidos como hongos
locales hasta llegar a formar parte de su doble alma. No deja de ser
una ciudad en crisis maniatada por el encorsetamiento, la incompetencia,
la corrupción política, amén de una sobrevenida y diseñada incultura
social. Con salvadores que han portado el mismo tipo de propuestas de
vademécum, los mismos rostros, las mismas excusas, el mismo fracaso.
Lo que habría entrado en decadencia no era solo Sevilla, sino sobre
todo el sentimiento de ciudadanía, pero las respuestas a la estafa de la
crisis nos han despertado del sueño, y un movimiento de abajo hacia
arriba en la lucha de esta ciudad, que históricamente se ha hecho mejor,
más inclusiva, creadora, productiva, activa y multicultural entre lo
verde y lo rojizo, la jacaranda, el incienso y el blanco roto, cuando se
ha volcado hacia su pueblo, cuando su pueblo se ha despertado.
La degradación de la historia de Sevilla, de sus barrios, la inmoral
tasa de paro, el galopante empobrecimiento, los costes de las obras
faraónicas, la exclusión de los más débiles, la depresión política, la
desarticulación urbana , la fractura social y el aquelarre especulativo
son el termómetro de su desmoronamiento.
Es urgente el protagonismo de la gente en la configuración de su
propio futuro. Se trata de convergencias, de confluencias, de sumar
personas, sociedad civil y aquellas organizaciones comprometidas en
labrar una profunda regeneración democrática, severas reglas de
transparencia, un código inviolable de igualdad de oportunidades y un
programa que garantice el bien común de toda la ciudadanía.
Empoderémonos para rescatar Sevilla, con el sonido de Marcela Lagarde y
el colorido de Frida Kahlo. Hay que mover ficha, ya es la hora, hay
que ganar Sevilla.
Kechu Aramburu.
Publicado en el Correo de Andalucia.
El 26 agosto del 2014.
Robin Williams, no era ningún clown refugiado en las drogas, era uno de
los mejores actores de su gremio, que había conseguido sin estridencias,
influir en cualquier docente que tenga la vocación y la pasión de sacar
de su alumnado lo más valioso de sus entrañas. Casi todos y todas
hubiéramos querido ser en la vida real el profesor Keating, ese maestro
que la dirección y algunos padres demonizaron, acusándole de hacer una
revolución iconoclasta, por ser un profesor que inculcará el amor por el
carpe diem y la poesía en su aula. Dice alguna pedagogía que en las
zonas de exclusión social con que haya un 10% de alumnado que se
interese por lo que enseñas la labor ya merece la pena. Ni muchísimo
menos nuestras expectativas contra el fracaso escolar y por el
desarrollo de la inteligencia emocional, son tan altas como las de El
Club de los poetas muertos.
Coherente hasta la extenuación valoró, legítimamente ante la cercana
consideración biológica de anciano, que su deterioro no era asumible ni
ética ni estéticamente y no barajó gestionarlo de otra manera, sino que
insistió tozudamente en liquidar el pasaje de la vida. Y sin ninguna
poesía se ahorcó con su propio cinturón, amén de intentar cortarse las
venas, imponiendo la realidad a la ficción. Nunca quiso contaminarse de
la toxicidad de Hollywood, y se torturó por la senda que había tomado su
existencia en los primeros años de fama y reconocimiento. Y confesó
aquello de «Hay un vocecilla diciéndome que soy una basura, que no soy
nadie, créanme».
¡Oh Capitán! ¡Mi Capitán! Nuestro temeroso viaje esta hecho;
el buque tuvo que sobrevivir a cada tormenta, el premio que buscamos esta ganado;
el puerto está cerca, escucho las campanas, todo el mundo está exultante,
mientras siguen con sus ojos la firme quilla, el barco severo y desafiante:
Pero ¡Oh corazón! ¡Corazón! ¡Corazón!
Oh, las lágrimas se tiñen de rojo,
mi Capitán está sobre la cubierta,
caído muerto y frío.
Kechu Aramburu
Publicado en el Correo de Andalucia.
Martes 19 de Agosto 2014
Código de Hammurabi (Rey de Babilonia, 1792) 129: «Si la esposa de un
señor es sorprendida, acostada con otro hombre, los amarrarán y los
arrojarán al agua».
A Gabriel García Márquez (1927) se lo perdonaron todo, hasta ese
último libro, Memoria de mis putas tristes, apología de la violación, la
misoginia y la violencia contra las mujeres, que recibió el mismo
aplauso que sus magníficas obras anteriores, y no era ficción nacida de
la mirada, era la pluma del escritor. Todos coinciden, la mujer es
inferior.
En el siglo XXI continuamos fabricando cultura masculinizada,
construyendo sociedades duales, de varones y hembras, de fuertes y
débiles, de dueños y esclavas. Y ahora cuando al final de esa monstruosa
arquitectura de relaciones económicas, emocionales y demás variables,
algunos de ellos terminan matando a su propiedad privada, las mujeres,
se enciende semanal o mensualmente el piloto ámbar, a modo de
recordatorio de «ha caído otra».
Algunas instituciones arbitran paquetes de medidas de Mejoras de los
Procedimientos, las organizaciones de mujeres nos manifestamos, en las
localidades se declara luto, y todo sigue igual, ¿no será que la
respuesta o no es la adecuada, o es cuanto menos tremendamente
insuficiente?
En ausencia de otros patrones, se siguen elaborando identidades a
partir del dominio y la posesión. Esta constatación supone un clamoroso
fracaso político. No podemos permitir ningún retroceso en los
instrumentos de prevención ni facilitar el desarme social y cultural
frente a esta insoportable violencia.
El feminicidio, en tanto que asesinato sexista, es la cima de la
normalización y la tolerancia de la violencia de género, erradicarlo es
una emergencia social, que requiere una determinación total y global, y
es una condición para no agrietar más la democracia.
Kechu Aramburu del Rio
Publicado el martes 12 de Agosto del 2014
En el Correo de Andalucia.