Error garrafal sería reflexionar sobre Gaza sólo en términos
humanitarios, porque no es solo una matanza, o un genocidio. Es además
de todo esto, en términos de masacre y aniquilación, una pura guerra
económica, comercial y geoestratégica sin paliativos.
El apoyo político norteamericano a Israel lo convierte en un Estado
por encima del Derecho Internacional. El apoyo militar que recibe de
EEUU le permite disponer de las más mortíferas armas, y le garantiza una
superioridad militar sobre la totalidad de los ejecitos árabes.
El apoyo financiero que Israel recibe de USA, tres mil millones de
dólares anuales desde 1979, encabeza la lista de países que más apoyo
directo consigue. En este periodo hubo un intervalo de pre y post
crisis, en el que los sionistas aprovecharon los despojos del pueblo
palestino, el incremento notable de la inmigración y la ayuda a modo de
indemnizaciones pagadas por Alemania, para consumar una nueva
dependencia occidental.
Israel se beneficia del intercambio comercial con Estados Unidos,
obteniendo grandes ingresos para sus arcas, que les permiten corregir el
déficit en su balanza comercial. Estados Unidos es su primer socio, las
exportaciones israelitas a este país representan un 1/3 del total. Para
EEUU es, asimismo, su primer socio comercial.
La justificación del apoyo a Israel es el éxito de la política
sionista a la hora de presentar su proyecto como extensión de los
intereses estratégicos y económicos de las grandes potencias
occidentales. Además de mantener la debilidad, la división, y el atraso
de los países de la región, todo ello para impedir su progreso
científico estratégico, lo que permite que sigan dependiendo del
exterior, y sigan siendo un mercado de los productos occidentales.
Acompasando el diseño, Israel y sus aliados exteriores están
montando, como ya han hecho en otros países árabes, una primavera
palestina para neutralizar la resistencia.
El gobierno de Israel debería estar inhabilitado ya, es tiempo de
sanciones por parte de la Comunidad Internacional, y por abajo
respuestas en todos los formatos hasta que ganemos la Paz.
Kechu Aramburu del Río.
Publicado en el Correo de Andalucia, el 5 de Agosto del 2014
No es irrelevante que, quien haya puesto la dinamita para el diálogo
fracasado de Mas y Rajoy, haya sido el propio Ministerio de Hacienda, el
que ni ayer, ni en el pasado desveló, aún sabiéndose o sospechándose,
la multimillonaria evasión fiscal del muy deshonorable Pujol, presidente
durante casi un cuarto de siglo de su tierra, amén de marido político
del trueque, contante y sonante de la derecha española en los años de
secano parlamentario.
Ahora precisamente le han retirado la bula para seguir estafando a lo
grande a su pueblo y al de al lado. Munición utilizada con el objetivo
de adentrarse por la puerta trasera, para hacer tambalear el plan
soberanista del hijo político. Esta artillería de uno de los sobrados de
la ingeniería financiera no sólo tiene efecto boomerang para los
autores, es que acaban de poner el ventilador de aspas a toda
revolución.
La caída de uno de los iconos de la transición, con todo el arsenal y
el árbol genealógico a cuestas (si Santiago Carrillo levantara la
cabeza…) es profundamente pedagógico, en el sentido de la lección
aprendida, todo es tocable, todo es revisable, aquí no caben las
epístolas lacrimógenas del mea culpa y demás mamarrachadas
autocompasivas del patriarca de la saga.
Este símbolo de la caída, nada insignificante y, provocada del
emperador catalán, demuestra no que estamos tocando fondo, sino socavón,
este affaire no sólo es un verbo de carácter judicial, o de
responsabilidades políticas, es un marcador del final de una era
adulterada y prostituida, en el que contribuyentes y gobernados hemos
sido ninguneados.
Se debe levantar la alfombra, para que las cosas de su
transparencia y sus amnistías fiscales dejen de ser la tapadera de la
Sodoma contable española. Decía Gandhi que «en la tierra hay suficiente
para satisfacer las necesidades de todos, pero no tanto como para
satisfacer la avaricia de algunos».
Kechu Aramburu del Rio
Publicado en el Correo de Andalucia
Viernes 31 de Agosto del 2014
Ha dicho algo tan histriónico como preguntasi para compensar las
diferencias se estaría dispuesto a reducir gran parte de los derechos
de los contratos indefinidos (once millones), que corresponden a padres y
abuelos, a los contratos temporales (cuatro millones) de hijos y
nietos, de forma que unos perdieran y otros no ganasen y así tendríamos
más o menos las mismas reglas de juego…
Este flash ha activado mi remember con una virulencia acotada sobre
un film que estos días debería ser cabecera de cartel como es el otro
Castillo de Naipes, que muchos hemos visto más veces que Casablanca.
Curiosamente la televisión estadounidense la recuperó con formato de
serie. La muy convincente actuación de Spacey y de Wright nos adentra en
una caricatura del mundo de la baja política en el Congreso de Estados
Unidos y la Casa Blanca, mimetizables a nuestro país. Es el lado oscuro
de los corredores del poder en Washington, como la versión negra de la
serie West Wing de los años 90, que proyectaba una imagen edulcorada de
la cosa nostra.
La película evoca las frágiles características de los
apaños entre los poderosos, cuya arquitectura es el inmoral equilibrio
de intereses en función del contexto político, Castillo de Naipes es el
retrato de los acuerdos de intereses particulares entre parte de algunos
políticos, algunos gobiernos, y algunos empresarios, cuya virtualidad
no es la astucia sino el oportunismo y el desprecio por lo que ellos
consideran chusma. Por eso los hijos y los nietos se están levantando y
la caverna ruge, evitemos que el aguijón de las avispas ahogue el
murmullo del enjambre humano.
Kechu Aramburu.
Publicado en el Correo de Andaluciael 24 de Julio del 2014
No podemos vivir sin referentes, sin referencias, sin proyectos,
sin horizontes… es tan letal como dejar de respirar o de ser amado.
Y no solo me envuelvo en las palabras de Serrat cuando decía que «Sin
utopía la vida sería un ensayo para la muerte», porque es tan frágil el
tabique que separa el futuro del pasado, sin apenas pasar por el
presente, es tan sutil la mano que mece la cuna de nuestras vidas sin
apenas sentir el vértigo del balanceo, que uno de los antídotos para no
desandar los caminos, y desautorizar a quienes nos emborronan, sería
abastecernos de referentes.
El descrédito, y el desplome de las utopías,
abonan el terreno para criminalizar a quienes se atreven a plantear la
construcción de un mundo sin tan severas desigualdades. Es tan sonora la
desorientación y la pérdida de rumbo de la mayoría de los que tienen
que expresar modelos, programas o alternativas, cuyo sentido histórico
es constituirse en la expresión de los intereses populares, y de los
sectores sociales menos privilegiados, además de la obligación de ser
creíbles por coherentes hacia dentro y hacia fuera. Pero ante tanta
negligencia, la gente se ha sentido obligada a tomar la palabra, a tomar
decisiones, a votar sin miedo a los iguales.
No hace demasiado tiempo los clásicos eran nombrables, ahora se tiene
cuidado de que no sean material para los libros de textos, pero sobre
todo que no sean recurrentes en el imaginario de los pueblos. No solo
por la luz de los faros que han alumbrado: Marx, Engels, Trotsky, Simone
de Beauvoir, Rosa de Luxemburgo, Olympe de Gouges, Hypatia de
Alejandría, Clara Zetkin, Mandela, Gandhi, Foucault, Neruda, Bertol
Brecht, Chaplin, Kubrick, Ferguson, y siguientes…
Al capitalismo del siglo XXI le sobra la democracia, pero el cambio
se ha iniciado, y se está aprendiendo a gestionar desde abajo. Hay gente
desesperada pero cargada de razones, hay rebelión pero también pulso,
solo faltan referentes, proyectos reseteados y reciclados, fuerzas
novedosas dispuestas para hacer la ruptura con el viejo régimen. Hay que
demostrar la disponibilidad de empoderar al pueblo, de rescatar a las
personas de los recortes, de la mordaza y de la corrupción. Se necesitan
pistas
para recuperar la confianza y la pasión por converger para
garantizar el éxito.
Kechu Aramburu del Rio.
Publicado en el Correo de Andalucia el 18 de julio del 2014
Un menor es, legalmente, una persona que por razón de su edad
biológica no tiene todavía plena capacidad de obrar. Y al hilo de los
infantes, andando junto a los molinos de viento, justamente en la
Mancha, escracheaba el cervantino don Quijote en su batalla contra las
depravadas clases dominantes, que la pobreza de espíritu, así como el
saber prescindir de las cosas, y sobre todo la carencia voluntaria de
las mismas, era asunto para pedestal de heroicidades.
La otra la pobreza real, la sociológica, la económica, la
sobrevenida, la que se hereda o es multicausal, esa que te suele
descalificar, e incluso situarte en el ámbito del delito, esa con la que
se trafica, esa que se oculta, esa que molesta, que tiene el color de
la mendicidad y que ahuyenta al que habita en el confort. Esa está
indefensa y además no tiene ningún coronel que le escriba, porque en
este bochornoso espectáculo los espectadores no tienen memoria, por eso
tampoco tienen remordimientos, ni siquiera una leve conciencia.
Y para cinismo barbárico, en esta decrépita civilización, el
desposeído tiene rostro de niña, de menor, de débil, del que no tiene
capacidad de respuesta. Se nos acaba de alertar desde un organismo
gubernamental, que en el curso pasado, el 23,9 por ciento de menores de
16 años, vivía en hogares con ingresos por debajo del umbral de la
pobreza, lo que «significa que de no haber contado con la bendita
caridad, la solidaridad y la ayuda pública se hubiera alcanzado el 39,1
por ciento de la población infantil». Añadido a esto, el Observatorio de
la Infancia, recalca que «el 44,8 por ciento de menores vive en hogares
con carencias en algunos de los conceptos básicos».
Por eso quienes contemplan desde el cinismo, todo aquello que no da
réditos, que no tiene voz ni voto, que no tiene mayoría de edad, y lo
hacen desde la conversión en observación mediática, literaria, cinéfila,
de historia o de agenda política, adquieren la categoría de reos, y
deberíamos esforzarnos en recordarles que además de los sabrosos brotes
verdes que no han dejado de disfrutar algunos, existe el drama, el dolor
y la frustración de quienes primero tienen que comer para crecer y
luego defenderse, para impedir que esto se convierta en la Guinea
Ecuatorial del sur de Europa.
Kechu Aramburu
Publicado en el Correo de Andalucia,
el 11 de Julio del 2014
El valor del trabajo en el hogar (atención de la casa, los hijos o los
mayores) y que no se computa en el producto interior bruto supone más
del 27% del PIB nacional, unos 285.600 millones de euros. Sumando al
valor de la producción en España habría superado 1,32 billones de euros,
el año de la pre crisis. Hoy, con la aplicación de las correcciones
monetarias precisas para obtener la cuantificación más atinada, serían
más ceros.
Con estos datos, podemos señalar, y además desmontar, la teoría de “las
amas de casa parasitas”. El problema de estos personajes no es la
ignorancia por obviar que quien no cotiza no cobra el desempleo, y que
solo el 57, 71 % de los inscritos percibe alguna prestación, y no
superior a los 426 euros, siendo 5,9 millones de personas las que están
sin empleo.
El problema no es que su púlpito sea el oráculo del “Tea Party español”,
ni siquiera el problema sería que culpabilice a las amas de casa de
las cifras del paro, o ese frívolo y travestido look del amos/as de
casa.
El verdadero problema es, en manos de quienes estamos, quienes llevan el
timón de este país, porque “quien ha escupido” ha sido la presidencia
de una entidad cuyo fin, es la defensa de los intereses empresariales
ante los poderes públicos y que representa dos millones de empresas…
Se está destruyendo y precarizando el empleo, ahogando los indicadores
sociales imputables a las políticas de quienes estádilapidando las
cuentas y secuestrando el empobrecimiento de una España maltratada, que
se quiere blanquear con la prostitución , esa que ejercen algunas amas
de casa en la más absoluta y sórdida clandestinidad para dar de comer a
sus hijos, y que ahora van a utilizar como motor del crecimiento, esas
cien mil mujeres que mueven al año más de diez mil millones de euros, y
cuya actividad es considerada ilegal, pero altamenteproductiva para sus
arcas.
Por eso tarareo la letra de D. Civera “que lo detengan, que es
un mentiroso, malvado y peligroso…”
Kechu Aramburu del Río
Publicado en el Corrreo de Andalucia el 3 de Julio del 2014
Ana María, como las buenas supervivientes no acariciaba los
mástiles, sino la huida, por eso fabulaba magistralmente con la
fantasía, era de la generación de la postguerra, pertenecía a la «Nada»,
como nuestros adolescentes, esos que no palpan más que la incertidumbre
de la inexistencia del mañana. De esa generación hostil cuyo marcador
fue y es, ser testigos de un mundo hipócrita y violento.
Era tan estrafalaria, que encallaba en la diversidad de la especie,
por eso su cruel y apresurada despedida nos devuelve a la uniformidad
del relato, del verbo único, de la palabra empalagosa y dulzona, del
optimismo de la opulencia.
El bastardo desamparo al que nos somete su definitiva fuga, nos
sumerge en el laberinto de los contenedores del pensamiento, para buscar
los antídotos del rosa, y el celeste, en estos tiempos de realeza,
donde la pasión por la ética está tan denostada y devaluada, que ya solo
cotiza en el mercado de nuestras irrelevantes utopías.
Matute era una nómada que vivía entre la desdicha mayor y la menor,
pero era tan brutal su capacidad de resistencia, que se permitió la
osadía de vivir de frente, por eso lo ejemplarizante de su vida no son
los galardones, hoy tan manoseados, sino el homenaje a la no
resignación, que disfrazaba con globos simulados, con serpentinas
incoloras y juguetes rotos.
Sin redobles de campanas, suscribo las palabras de Caballero Bonald,
al conocer la noticia «Su muerte es un descalabro en mi intimidad».
Kechu Aramburu del Río
Publicado en el Correo de Andalucia el 27 de Junio del 2014